El pasado del tiempo

El pasado del tiempo es un blog creado para servir de apoyo a las clases de Historia con el objetivo de facilitar a los estudiantes referencias sobre recursos digitales disponibles en Internet y relacionar los contenidos de estas materias con la situación actual mediante referencias a noticias, novedades y todo tipo de documentos que propicien la comprensión del pasado y del presente, la reflexión sobre otros tiempos y lugares.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

El siglo XX; una reflexión inicial







Si pretendemos entender el mundo en el que vivimos hemos de buscar en el pasado sus orígenes. Para encontrar las respuestas a las preguntas que nos plantea el presente hemos de recurrir a la historia. En concreto, en los años finales del siglo XIX y en el alba del XX importantes cambios estaban afectando a todas las dimensiones de la vida y a todos los rincones del planeta. Fue entonces cuando la confluencia de una serie de fuerzas transformadoras que se habían ido gestando a lo largo de los últimos cien años, daban lugar a los Tiempos Modernos que retrató Chaplin: la "segunda" revolución industrial del Gran Capitalismo financiero y el "nuevo imperialismo anunciaban la globalización; la aparición de la democracia de masas y las amenazas a los valores liberales los conflictos socio-políticos sobre como interpretar el binomio libertad/igualdad.


El grito. Edvard Munch, 1893

Como planteó el historiador Geoffrey Barraclough la guerra de 1914-1918 soltó la válvula de las tensiones ocultas que habían ido exacerbándose desde los últimos años del siglo XIX y que aún estaban pendientes de solución. El embajador de Estados Unidos en Londres escribió al presidente Wilson en ocubre de 1914: "Ya no es el mismo mundo que en julio pasado. Todo ha cambiado". La Gran Guerra marcó el final de una época: la catástrofe empequeñeció al "Viejo Continente", Estados Unidos salió de su aislamiento -al que volverá en breve- el imperio zarista cayó y se levantó de nuevo transformado en la URSS y aunque se superó la amenaza de revolución social, la democracia quedó  atrapada y herida entre los fuegos cruzados del fascismo y el comunismo. Pese a estos claros síntomas de debilidad, Europa conservó la ilusión de mantener aún la hegemonía mundial durante el período de entreguerras (1919-1939), de volver a la normalidad.

La Gran depresión que se abre tras el crack de 1929 y una nueva guerra fraticida  europea convertida  en mundial (1939-1945) confirman el final de una época. Pese a que primer escenario bélico fue europeo, la amenaza japonesa de un nuevo orden en Extremo Oriente arrastró a Estados Unidos a intervenir en un nuevo escenario -el  Pacífico-casi al mismo tiempo que se desencadenaba,  con la invasión alemana de la URSS, el aplazado enfrentamiento germano-ruso.
Algunos historidores han interpretado las dos guerras mundiales -unidas en realidad en una secuencia conjunta- como la última tentativa para reorganizar la vieja Europa, un intento de crear, en torno a Alemania, un imperio en el corazón del continente  para  competir con los nuevos poderes de la época: el Imperio  soviético, el Imperio británico, el expansionismo japonés, los Estados Unidos.

El resultado fue el final de una política europea a un sistema mundial de política internacional que se impone desde 1945 con la llamada Guerra Fría -entre el capitalismo y el comunismo- y la descolonización de la que nacerán decenas de nuevos países y estados. Además, junto a las dos superpotencias -EEUU  y URSS-, el nuevo relieve que adquiere China -creciendo a lo largo del siglo como potencia mundial- y la aparición de nuevos centros geoestratégicos en Hispanoámérica, Asia, África, en el Próximo Oriente -con Israel, los países árabes y el petróleo- exigen el camino hacia la Unión Europea que nace como Mercado Común en 1957.

Para la cronología, un siglo son cien años -el XX  nació el 1 de enero de 1901 y acabó el último día del año 2000-, Pero muchos historiadores hablan de "un siglo largo": el que nació en 1890 con el industrialismo y e imperialismo de la Paz Armada-  y sobrevivió hasta el atentado de Nueva York de 2001; otros de "un  siglo corto": el que empezó con la guerra del 14 y la revolución comunista de 1917 y terminó con la caída del muro de Berlín en 1989 y la desaparición de la URSS en 1991.

Con el final del siglo XX, hemos entrado más que en otro siglo, en otro milenio, el III milenio; Su herencia es dual y compleja. Siglo maravilloso, siglo terrible. Los extraordinarios avances tecnológicos, científicos y médicos no han podido ser aprovechados por toda la humanidad  abriéndose una profunda brecha de desigualdades  entre  países desarrollados y pobres; el estado del bienestar conseguido en muchos sitios no ha erradicado la pobreza, el desempleo, la marginación y la discriminación de millones de seres humanos; el reconocimiento de la igualdad de la mujer apenas ha comenzado en algunos lugares;   la supervivencia de los valores democráticos no nos hace olvidar los genocidios cometidos, las dictaduras y totalitarismo que han asolado el siglo; ni los avances reciente por la paz, las innumerables y sangrientas guerras totales como nunca imaginamos.

Cuando Stefan Zwig escribió el libro en que cuenta su vida entre las dos guerras mundiales lo tituló "El mundo del ayer". Tenía conciencia de que acababa un mundo y empezaba otro muy distinto."Nací en 1881, en un imperio grande y poderoso -la monarquía de los Habsburgo- pero no se molesten en buscarlo en el mapa: ha sido borrado sin dejar rastro". Este austríaco de Viena se suicidó en 1942: había escapado a Brasil huyendo del nazismo y tal vez no pudo soportar ni la idea de la muerte de la  cultura europea ni la terrible creencia de que los nazis ganarían la guerra. Nunca llegó a saber quien la ganó.

Antes de su suicidio, Stefan Zweig escribió 2 cartas: una a su ex-mujer Friderike y otra dedicada a Brasil. A continuación se muestra esta segunda carta:
“Declaración”
Antes de partir de la vida, con pleno conocimiento, y lúcido, me urge cumplir con un último deber: agradecer profundamente a este maravilloso país, Brasil, que me ofreció a mí y a mi trabajo una estancia tan buena y hospitalaria. Cada día aprendí a amar más este país, y en ninguna parte me hubiera dado más gusto volver a construir mi vida desde el principio, después de que el mundo de mi propia lengua ha desaparecido y Europa, mi patria espiritual, se destruye a sí misma.
Pero después de los sesenta se requieren fuerzas especiales para empezar de nuevo. Y las mías están agotadas después de tantos años de andar sin patria. De esta manera considero lo mejor, concluir a tiempo y con integridad una vida, cuya mayor alegría era el trabajo espiritual, y cuyo más preciado bien en esta tierra era la libertad personal.
Saludo a mis amigos. Ojalá puedan ver el amanecer después de esa larga noche. Yo, demasiado impaciente, me les adelanto.
Stefan Zweig

Petropolis 22. II. 1942


Bjørn Nørgaard: Jóvenes de Glücksborg. Tapiz con motivos del siglo XX. 1990-2000.


Artículos:

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La revolución del siglo XX  de Gabriel Tortella

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